Seguramente se preguntaran donde está el material nuevo. Déjenme decirles que no lo hay y tampoco puedo asegurar cuando llegará.
Lo que sí sé es que la fotografía salvo mis días de adolescente, cuando no tenía barreras mentales en absoluto y mis cámaras me acompañaban a todos lados. Quiero afirmarlo para creer que nuevamente volverá a salvarme, creer que algún día sentiré lo que sentía cuando me encontraba detrás de la lente…
Llegué a Europa en noviembre del 2017 para celebrar mis 30 años. Los que me conocen, saben que anteriormente viaje mucho por la Patagonia y viví en Ushuaia, en El Calafate y luego emprendí un viaje en una Kangoo camperizada por varias ciudades patagonicas hasta volver a Ushuaia de nuevo, último destino antes del gran cambio. Aquellas experiencias fueron las que me dieron fuerzas para adentrarme en un viaje mayor: Andorra y posteriormente España. Aquí también viví en varias ciudades, siempre trabajando en temporadas estivales. En una de esas ciudades, llego a mí una idea muy fuerte que me atormentaba: estudiar arte dramático. Cada vez que sentía el final de la temporada acercándose, surgía en mí una gran pregunta: ¿Debo mudarme a Barcelona a perseguir este nuevo sueño? La pregunta se hizo tan fuerte que logró su cometido.

 

 

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